"Tu cara me resulta familiar. ¿Tu nombre no es Jonathan? Estoy seguro que ese es.", dijo. Lo observó un poco, y luego se retiró. Cuando Jonathan se volteó para interrogar a aquel hombre, vio que desaparecía en la niebla. Corrió detrás de él pero era inútil. El hombre había desaparecido.
No pudo haberse ido muy lejos... ¿Jonathan? ¿Ese es mi nombre?
A medida que avanzaba, pequeños recuerdos afloraron de su memoria. En ellos, veía a una mujer muy bella. Ambos iban de la mano riendo entre besos y caricias. Alcanzó a decir un nombre: Mina.
Poco a poco, más recuerdos se hacían presentes. Entre ellos, un hombre gris acompañado de mascotas humanas y gitanos que querían convertirlo en uno de ellos... Drácula...
De repente, un grito lo trajo devuelta de sus recuerdos. "¡Jonathan!" Oyó decir... Reconoció la voz al instante: era la voz de Mina.
Ambos salieron corriendo el uno hacia el otro. Al fin volvían a estar juntos. Al fin volvían a decirse "Te amo"; a abrazarse y a besarse como nunca. Ya no estarían separados. Ya no se sentirían solos. Eran felices otra vez.
